El deber de expresar un juicio que contribuya al avance de la humanidad conlleva para Kant la posibilidad de hacer un uso público de la razón por oposición a un uso privado o dogmático. Esta oposición entre un uso privado y uno público equivale a una diferenciación entre un uso de acuerdo a la norma y un uso en contra de la norma, un uso ilegal. De este modo, las opiniones expresadas por un maestro —cualquier hombre— en relación a un asunto público pueden ser consideradas juicios o proposiciones ilegales. Si la privacidad se identifica con la obediencia, la publicidad da lugar al disenso, al cambio, a la acción política. La verdad expresada en los juicios públicos kantianos es una verdad reformista; pero la reforma no puede considerarse simplemente un ligero ajuste de la realidad, implica siempre un cambio de perspectiva, conlleva en sí el germen de una revolución. La Ilustración se entiende pues en el terreno de lo público como una adecuación de lo real a lo justo y también a lo ético, un ámbito de la racionalidad que no es el pragmático-técnico, que no es un ámbito de conocimiento, y por tanto, sobre el que no se puede establecer un juicio objetivo determinado e irrevocable. Este espacio es el del progresivo ajuste entre una realidad que es el producto de la acción humana y una moralidad que no puede realizarse en condiciones sensibles. La necesidad urgente para Kant de diferenciar la moral del dogma religioso, de diferenciar al hombre bajo la ley determinada de Dios del hombre bajo la ley indeterminada del hombre, es una apuesta por establecer un ámbito de la realidad que no está determinado sino por determinar, un ámbito que se define, en una época de ilustración, por su oposición a la legalidad vigente.

Kant y el ¡sapere aude! La verdad ilegal y su relación con la acción política

Cebolla Sanahuja, Lorena
2013-01-01

Abstract

El deber de expresar un juicio que contribuya al avance de la humanidad conlleva para Kant la posibilidad de hacer un uso público de la razón por oposición a un uso privado o dogmático. Esta oposición entre un uso privado y uno público equivale a una diferenciación entre un uso de acuerdo a la norma y un uso en contra de la norma, un uso ilegal. De este modo, las opiniones expresadas por un maestro —cualquier hombre— en relación a un asunto público pueden ser consideradas juicios o proposiciones ilegales. Si la privacidad se identifica con la obediencia, la publicidad da lugar al disenso, al cambio, a la acción política. La verdad expresada en los juicios públicos kantianos es una verdad reformista; pero la reforma no puede considerarse simplemente un ligero ajuste de la realidad, implica siempre un cambio de perspectiva, conlleva en sí el germen de una revolución. La Ilustración se entiende pues en el terreno de lo público como una adecuación de lo real a lo justo y también a lo ético, un ámbito de la racionalidad que no es el pragmático-técnico, que no es un ámbito de conocimiento, y por tanto, sobre el que no se puede establecer un juicio objetivo determinado e irrevocable. Este espacio es el del progresivo ajuste entre una realidad que es el producto de la acción humana y una moralidad que no puede realizarse en condiciones sensibles. La necesidad urgente para Kant de diferenciar la moral del dogma religioso, de diferenciar al hombre bajo la ley determinada de Dios del hombre bajo la ley indeterminada del hombre, es una apuesta por establecer un ámbito de la realidad que no está determinado sino por determinar, un ámbito que se define, en una época de ilustración, por su oposición a la legalidad vigente.
Cebolla Sanahuja, Lorena
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